
¿Cómo cocinar una rana?
● Colocá a una rana en agua templada, a temperatura ambiente. Hacé que sienta el ambiente cómodo y seguro.
¿Cómo? Decile aquello que nadie le dijo antes: «Sos hermosa», «Yo te voy a proteger», «Yo no te voy a soltar», «Voy a ser tu compañero».
Prometeles un futuro feliz, llená su vida de comodidades. Que no solo no quiera irse, sino que crea haber encontrado su paraíso.

● Subí el fuego, lentamente.
¿Cómo? Empezá controlando sus redes sociales: ¿A quién le pone «me gusta»? ¿Quién le pone «me gusta» a ella? ¿A dónde va y por qué va sola? Cuestioná sus amistades y su relación con la familia, hasta que ella misma se aleje de su entorno social.
● Ahora subí el fuego un poco más, manipulando sutilmente. Hacé que modifique su rutina, que ya no haga nada sin vos. ¿Cómo? Menospreciando lo que hace, descalificando sus logros, subestimando su trabajo diario, su manera de pensar, sentir o incluso su cuerpo.
● Ahora subí la temperatura aún más y atacá sus derechos. Impedile desarrollarse. Interferí en cada intento de crecimiento personal o profesional. Si ella se incomoda, hacé que sienta culpa por no ser «agradecida» con todo lo que le diste, recordándole cada cosa que hiciste por ella.
● A esta altura, ya habrás logrado aislarla de quienes podrían ayudarla. Probablemente, ya se sienta tan atrapada psicológicamente que no tenga la fuerza para saltar.
● Finalmente, subí el fuego a 100°. Ahora llega la violencia física, sexual y económica. Si seguiste todos los pasos, esa rana no solo no se irá, sino que cuando con suerte logre escapar, volverá sola, creyendo que alguna vez volverás a ser ese paraíso que le prometiste.
Esta es la manera en que muchas personas experimentan una realidad demasiado familiar. Puede que hayas vivido algo así, conozcas a alguien o hayas oído casos. Y lo más común es no entender del todo a la víctima.
Escucho cómo la sociedad juzga, etiquetando a unos como víctimas y a otros como victimarios, sin entender la complejidad de la situación. Pero etiquetar no ayuda. La violencia no tiene género; es violencia, y genera más violencia, sin importar quién la ejerza.
Una mujer gritando e insultando puede ser igual de violenta que un hombre golpeando. Las heridas emocionales no siempre se ven a simple vista, pero duelen igual.
Es importante entender que, sin importar el género, una víctima no puede salir de esa situación sola porque carece de la capacidad de poner límites. Y muchas veces, las personas violentas también son producto de una vida llena de abuso y violencia.
No podemos seguir etiquetando por género. La violencia es violencia, y debemos erradicarla, sea quien sea el que la sufra. No olvides: la prevención y el apoyo son claves para salir de estos ciclos.
¿Estás en una relación violenta?
Prestá atención a estas señales:
- Te esconde o rompe cosas y luego lo niega.
- Te hace «caricias» agresivas o te toca de manera inapropiada.
- Te empuja, sacude o aísla.
- Te chantajea con tus hijos.
- Te ridiculiza o descalifica frente a otros.
- Te controla, critica tu ropa o te hace problemas al salir.
- Te quita apoyo económico o te amenaza con dejarte sin hogar.
- Te amenaza de muerte o con hacerte la vida imposible si te vas.
- Te culpa por todo lo que sucede.
- Te encierra, golpea o viola.
Si reconocés una o más de estas señales, pedí ayuda. No estás solo/a.
La línea 144 está disponible las 24 horas. También podés llamar al 911 en caso de emergencia.
Es difícil decir «Basta» cuando estás dentro de una relación violenta. Los momentos en los que la víctima puede escapar por sí misma son pocos. Por eso, es fundamental que como comunidad estemos preparados para brindar apoyo en el momento exacto.
¿Cómo podés ayudar?
- No juzgues. La víctima está haciendo lo mejor que puede.
- No critiques. Las críticas solo la desmotivan y la hacen sentir más vulnerable.
- No castigues con indiferencia. Si no entendés lo que vive, no te alejes.
- No cortes el contacto. Aunque no responda, no es porque no quiera.
- Prepará una muda de ropa. Si decide irse, tal vez lo haga con lo puesto.
- Dale esperanza. Hablar de un nuevo comienzo puede ser la chispa que necesita para salir.
- Sé empático y paciente.
- Mantén contacto con otros familiares. Así, se crea una red de apoyo.
- Alejate del agresor, pero no de la víctima.
- Reservá un lugar seguro donde pueda refugiarse.
Recordá, no estamos solos. Hablar sana.

Soy Pao Oliva ,
Coach en recuperación de Adicciones
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