Existen distintas formas en las que los seres humanos atravesamos las circunstancias difíciles, los problemas y los daños que nos ocasionan los demás. La forma en que gestionamos lo que otros nos hacen habla de nuestra inteligencia emocional.

Gestionar las emociones para superar el daño implica:

  1. Reconocer el daño que nos hicieron.
  2. Digerir lo que nos pasó.
  3. Superar el trauma, dejando solo el aprendizaje en nosotros.

¡Y si no lo logramos, nos estancamos! Si no logramos salir de ese ciclo, el daño se queda con nosotros, transformando la emoción del momento en una característica de quién somos.

Recuerden que no somos lo que nos pasó, sino lo que hicimos con lo que nos pasó.

Existen varias maneras de no evolucionar. Hoy vamos a conocer tres de ellas:

1. Naturalizar el daño

En algunos casos, cuando nos hacen daño y nos toca curar solos, escondemos el dolor y hacemos como si nunca hubiera pasado. Esto puede ser porque tuvimos que hacernos cargo de otros, porque fueron varios golpes juntos o simplemente porque no le dimos el tiempo suficiente para gestionarlo.

El daño mal gestionado nos lleva a pensamientos como:

  • «A mí me lastimaron y no me pasó nada.»
  • «Muchos dañan y es normal.»
  • «A todos les hicieron cosas malas alguna vez.»
  • «Si yo sobreviví, ¿por qué el otro no?»
  • «Lo que no te mata, te hace más fuerte.»
  • «Esto que me hicieron me hizo ser quien soy.»

Este tipo de pensamientos suelen parecer que carecen de empatía. Alguien que ha vivido un trauma o un dolor profundo puede pensar que los obstáculos son necesarios y no tan terribles, y que incluso pueden ser beneficiosos para su propia evolución. Es como si estuviésemos todos en una carrera…

2. Resentimiento

Otra forma de no atravesar un trauma es el resentimiento. ¿Qué es resentir? Re-sentir, una y otra vez, ese día, ese dolor, ese daño, como un viacrucis constante. Es revivir el daño cada día, enumerando los agravios.

¿Escucharon esa frase que dice: “El que se quema con leche, ve la vaca y llora”? Así es. Algunos, además de reconocer que se quemaron, van por la vida almacenando datos sobre todas las «vacas», por si en algún momento les vuelve a pasar.

Frases típicas de estas personas:

  • «Todas las vacas son iguales.»
  • «Todas las vacas mienten.»
  • «Todas solo buscan hacer daño.»

    Viven en el espiral de pensamiento de «¿Qué hubiese pasado si yo…?» o «Yo tendría que haber…», sin lograr salir, evolucionar o madurar. Siguen rascando la herida y reviviendo el dolor, sin permitir que cicatrice. Porque cicatrizar significa superar, y resentir es no superar.

    3. Sobreprotección

    Hay personas que, ante un daño que las marcó, se prometen a sí mismas no permitir que nadie más sufra lo mismo. Si las traicionaron, lastimaron o abandonaron, no dejarán que le pase a otro, y mucho menos a sus seres queridos. ¿Cómo? Controlando, teniendo todo bajo su dominio. Detrás de un «Te cuido, te protejo» termina habiendo control.

    «Mi yo herido necesita saber que no te va a pasar lo mismo que a mí», piensan. Pero esto tiene un trasfondo de egoísmo y dependencia emocional, donde la vida de los demás se convierte en una extensión de la suya. Esta persona no logra aprender la lección detrás del dolor y, al evitar que otros sufran, también les impide evolucionar, crecer y vivir sus propias experiencias.


    Estos tres ejemplos de no evolución nos muestran cómo somos cuando no superamos el dolor y lo arrastramos en el tiempo.

    Recuerden que:

    «Sanar es meterse donde duele, y eso no es para cualquiera. Es para valientes, para personas con integridad emocional.»


    Soy Pao Oliva ,
    Coach en recuperación de Adicciones
    WhatsApp 11-3080-8013
    Facebook: Hoy por mí!
    Instagram Hoy Por mi