
La conmemoración de ésta fecha se remonta a 1886, cuando miles de trabajadores en Chicago dijeron “¡basta!” a la explotación y exigieron la jornada laboral de ocho horas. Aquella huelga, que culminó en la trágica Revuelta de Haymarket, sembró la semilla de la solidaridad obrera y marcó el origen del Día Internacional de los Trabajadores.

Hoy, 1° de mayo, quiero dirigirme a quienes se levantan antes del alba, recorren cuadras de barro en nuestro barrio y se organizan en grupos de vecinos para afrontar la inseguridad. Todo eso lo hacen por llevar un plato de comida a su mesa. Luego llegan a sus trabajos mal pagos, aprietan los dientes y no bajan los brazos: mantienen la rutina día tras día.
Podría citar a Pity Álvarez cuando habla de “la vida del Homero”, porque muchos de ustedes, con estudios escasos o nulos, comprenden la realidad y la enfrentan con coraje para sacar adelante a sus familias. No importa si son hombres o mujeres: ser jefe o jefa de hogar no discrimina géneros. Vivimos tiempos que reclaman igualdad, pero cada familia transita su propio camino.
Aprovechen este día de descanso para renovar fuerzas
Sé que están cansados de un sistema desigual, y entiendo su esperanza de que algún día todo cambie. Hoy, en este Día del Trabajador y de la Trabajadora, quiero que recuerden que esa lucha histórica de Chicago inspiró a millones en todo el mundo a organizarse y reclamar derechos básicos: descanso justo, salario digno, condiciones seguras.
El trabajo unido a la educación hace crecer a nuestra comunidad. Hemos demostrado, como argentinos, que somos capaces de unir voluntades y, en los momentos más difíciles, de dar lo que no tenemos. No bajen los brazos. Aprovechen este día de descanso para renovar fuerzas, porque todo lo que hacemos tiene un propósito: cuidar y fortalecer a nuestra familia.
¡Viva el trabajo y la clase trabajadora de nuestro país!
