Efectivos del Escuadrón 21 «La Quiaca» detectaron una máquina realizando excavaciones desde un predio privado hacia el río internacional. Un ciudadano argentino fue imputado. El Gobierno intensifica los controles para terminar con décadas de fronteras permeables.

La Quiaca, Jujuy, 25 de mayo de 2026 – En un operativo que reafirma el control estatal sobre los límites nacionales, personal de Gendarmería Nacional Argentina (GNA) logró desarticular un intento de apertura de un paso fronterizo no habilitado en la ciudad de La Quiaca. El procedimiento se dio en el marco de las nuevas directivas de seguridad que buscan blindar el territorio contra el contrabando y la migración irregular.

El operativo: Una excavación clandestina

Durante tareas de patrullaje y monitoreo táctico sobre el límite internacional fronterizo, una patrulla del Escuadrón 21 de Gendarmería visualizó una maniobra inusual: una máquina retroexcavadora operando dentro de un inmueble particular. Los efectivos constataron que la maquinaria realizaba movimientos de suelo con la clara intención de abrir un camino directo hacia el río internacional que une La Quiaca con Villazón (Estado Plurinacional de Bolivia).

Este tipo de «corredores clandestinos» suelen ser utilizados para el tráfico de mercaderías, vehículos y el cruce ilegal de personas eludiendo los controles aduaneros. Como resultado, se procedió al secuestro de la maquinaria y un ciudadano argentino de 45 años quedó en libertad, pero supeditado a una causa penal federal por infracción a la Ley de Fronteras.

El desafío de custodiar 742 kilómetros

La frontera con Bolivia no es una tarea sencilla para Gendarmería. Argentina comparte 742 kilómetros de límite internacional con el país vecino, una geografía que abarca desde la aridez de la Puna jujeña hasta las selvas de Salta. Históricamente, esta extensión ha sido difícil de monitorear en su totalidad, lo que dio lugar a cientos de «pasos hormiga».

Hechos similares han sido moneda corriente en años anteriores. Se registran antecedentes de puentes de madera precarios construidos sobre el río e incluso túneles rudimentarios en la zona de Salvador Mazza. Sin embargo, la utilización de maquinaria pesada para abrir caminos vehiculares marca una profesionalización delictiva que las autoridades están decididas a frenar.

Gendarmería
El fin del «Viva la Pepa»: Hacia un control migratorio real

Durante décadas, la frontera con Bolivia fue testigo de un éxodo fomentado por políticas de gobiernos anteriores que permitieron un ingreso descontrolado bajo la premisa de una «patria grande» que, en la práctica, se tradujo en un abuso de los recursos públicos. El acceso gratuito y sin restricciones a la salud y educación argentina para extranjeros no residentes convirtió a nuestras provincias del norte en un centro de «turismo sanitario», financiado por los contribuyentes argentinos.

Hoy, el paradigma ha cambiado. El Gobierno actual se enfrenta a la titánica pero necesaria tarea de hacer valer nuestro suelo. El mensaje es claro: los recursos de los argentinos deben ser destinados prioritariamente a los compatriotas. El control estricto de los pasos fronterizos y el fin de la gratuidad para no residentes no son medidas de exclusión, sino de ordenamiento soberano en un país que ya no puede permitirse ser un «viva la Pepa» a costa de su propia estabilidad.


La detención de estas obras clandestinas, por parte de Gendarmería, es un paso fundamental para regularizar una zona históricamente olvidada. La soberanía no es solo una palabra en la Constitución, es la presencia efectiva del Estado en cada rincón del mapa. Las penas para quienes intentan abrir pasos ilegales deberían ser más severas para desalentar el contrabando y la migración irregular.

Sebastian Lopez, columnista local.