Alberto Fernández se le plantó a Cristina Kirchner. El expresidente contó que no obedeció las órdenes que, según él, habrían sido catastróficas para el país, como no cerrar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y arriesgar un default. Y su testimonio llega cuando Cristina está cada vez más sola: desde San José 1111, donde cumple su condena con una tobillera electrónica, ve cómo los que ayer la seguían hoy toman distancia.
No es solo Alberto. El entorno de Axel Kicillof, el gobernador que muchos veían como su heredero, dejó claro que no piensa alinearse automáticamente detrás de ella. En el kirchnerismo duro respondieron con acusaciones de traición.
Alberto: «Algo está mal»
En una entrevista con Sistema Joaco Santos, difundida el 12 de octubre de 2026, el expresidente volvió a hablar de su relación con quien fue su vicepresidenta entre 2019 y 2023, durante el gobierno del Frente de Todos.
«Era una vicepresidenta con un peso muy importante… Pero también se encontró con un presidente que no compartía toda su mirada», dijo. Y agregó: «Si cada uno hubiera entendido el rol que tenía, hubiera sido más fácil».
Fernández recordó las presiones que recibía para alinearse: «El solo hecho de que te pidan que le obedezcas a la vicepresidenta… algo está mal». «Lo decían públicamente: No le hace caso a Cristina», contó.
Su conclusión fue tajante: «Si hubiera hecho lo que Cristina decía, capaz que estábamos muy mal». Al hablar del acuerdo con el FMI, frente a un pago de 19.000 millones de dólares y el riesgo de caer en default (cesación de pagos), afirmó: «Si no hubiéramos hecho el acuerdo con el Fondo, tal vez hubiera todo volado por los aires… Hubiera estallado la Argentina en mil pedazos», aunque no estuvo muy lejos lo que nos dejó.
Leído en conjunto, el mensaje de Fernández es que no se dejó manejar y que pretendía que Cristina actuara como vicepresidenta, no como la jefa del gobierno.
El que habla también está complicado
Fernández no habla desde un lugar cómodo. Está procesado (es decir, el juez consideró que hay pruebas suficientes para seguir avanzando contra él) en la causa por violencia de género que inició su expareja, Fabiola Yañez.
Se le imputan lesiones leves y graves agravadas por el vínculo y por violencia de género, y amenazas coactivas. Según la acusación, entre el 21 y el 22 de junio de 2021, en la Quinta de Olivos, le habría dado un golpe en la cara que le dejó un hematoma en el ojo; antes del 12 de agosto de 2021 la habría zamarreado y le habría provocado lesiones en el brazo; además, se le atribuyen maltratos psicológicos sistemáticos entre 2016 y 2024, y haberla presionado desde Madrid para que no lo denunciara.
El procesamiento lo dictó el juez Julián Ercolini y lo confirmó la Cámara Federal. Después, Ercolini fue apartado del caso y hoy el expediente está en manos del juez Daniel Rafecas, del Juzgado Federal N° 3. El fiscal Ramiro González dio por terminada la investigación y pidió que Fernández vaya a juicio.
El 8 de julio, la Cámara Federal (con los jueces Martín Irurzun y Eduardo Farah) rechazó anular la causa, pero ordenó producir nuevas pruebas. El 25 de agosto, Rafecas citó a declarar a los excustodios y pidió la historia clínica del Sanatorio Otamendi. El 30 de septiembre, la Sala II de la Cámara Federal de Casación Penal declaró inadmisible el último pedido de nulidad del expresidente.
Ahora Rafecas tiene que decidir si lo manda a juicio oral, si dicta la falta de mérito (no hay pruebas suficientes para avanzar, pero tampoco para cerrar el caso) o si lo sobresee (cierra la causa a su favor). No hay fecha de juicio.
En la causa de los seguros, la Cámara Federal le dictó la falta de mérito el 7 de mayo, una decisión que quedó firme el 8 de junio. No es una absolución: la investigación no quedó cerrada.
Kicillof: «No alcanza con repetir una experiencia»
El otro golpe llegó desde la provincia de Buenos Aires. El 19 de septiembre, en el Plenario del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), el espacio propio del gobernador dentro del Partido Justicialista (PJ), Axel Kicillof habló en Avellaneda ante miles de militantes que lo vivaban como «presidente».
Rechazó una construcción del peronismo manejada «a control remoto» y planteó que lo nuevo se arma «de abajo para arriba». Dijo que la alternativa a Javier Milei «no puede estar basada en la nostalgia» y que «no alcanza con repetir una experiencia». También sostuvo que la mayoría para volver al gobierno «no va a surgir de una negociación secreta entre dirigentes, de un acuerdo de las cúpulas».
En el kirchnerismo lo leyeron como un mensaje directo a Cristina y a La Cámpora, la agrupación que conduce Máximo Kirchner.
«Quién convocó más, quién representa más»
El 9 de octubre, el jefe de Gabinete bonaerense, Carlos Bianco, mano derecha de Kicillof, fue consultado sobre una posible candidatura de Cristina si cambiara su situación judicial. «Habrá que discutirlo el año próximo», respondió, y agregó que entonces se verá «quién convocó más, quién representa más». Sobre el dictamen que la expresidenta espera del Comité de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), dijo que «no es vinculante» para la Justicia argentina.
La reacción fue inmediata. El exsenador Martín Doñate calificó la postura de Bianco como «irresponsable e ingrata». El diputado bonaerense Facundo Tignanelli, hombre fuerte de La Cámpora en la provincia, sostuvo, sin nombrarlo, que quienes hablan de imposibilidad jurídica son aquellos a los que «les conviene que esté presa». Fue un nuevo estallido de la interna del PJ.
La distancia no es solo de Kicillof. Jorge Ferraresi, exintendente de Avellaneda, exvicepresidente del Instituto Patria y durante años uno de los intendentes más cercanos a Cristina, lo resumió así ante militantes: «Cristina eligió no conducirme. Yo no elegí que ella no me conduzca. No me llamó nunca más».
El peronismo pide caras nuevas
Detrás de estas peleas aparece un reclamo cada vez más extendido en buena parte del peronismo: renovar el liderazgo, mostrar caras nuevas y dejar de poner toda la energía en la libertad de Cristina. Hace tres años, nadie dudaba de dónde se pararía el kirchnerismo si ella podía ser candidata. Hoy, una parte importante del movimiento ya no la reconoce como conductora y mira hacia 2027 con otros nombres.
Presa y sin salida a la vista
Mientras tanto, Cristina cumple en su departamento de San José 1111, en el barrio porteño de Constitución, la condena de la causa Vialidad: seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, por administración fraudulenta. Lo hace con una tobillera electrónica.
El 26 de junio, la Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal rechazó, por mayoría, sacarle la tobillera y mantuvo las restricciones de visitas. La Corte Suprema ya había rechazado un planteo similar en diciembre de 2025. Hoy no tiene una perspectiva realista de que se la quiten.
Encerrada, con un expresidente que la culpa y un gobernador que arma su propio camino, Cristina mira cómo, de a poco, sus antiguos aliados le sueltan la mano.


