Lucas Larroque (30) intentó separar una pelea a la salida de un boliche y fue atacado salvajemente. Mientras agonizaba en el piso, recibió una patada mortal. Su esposa denunció que la gente grababa con celulares mientras él moría.

Mar del Plata / Batán, 9 de febrero de 2026 – Un brutal crimen volvió a mostrar la cara más cruel de la violencia nocturna en la madrugada del domingo. Lucas Nahuel Larroque, un hombre de 30 años, fue asesinado a golpes a la salida de un boliche en Batán. Lo mataron por intentar defender a una mujer, pero lo que más duele a su familia es la indiferencia: mientras él yacía inconsciente, muchos eligieron filmar su agonía antes que salvarlo.

La intervención fatal
El hecho ocurrió cerca de las 06:30 de la mañana del domingo 8 de febrero, en la Colectora y calle 132 de Batán. Según la reconstrucción judicial, Lucas intervino para separar una pelea entre dos mujeres (una de ellas sería la hija de su pareja). En ese momento, fue atacado por un joven que lo derribó a golpes de puño. Una vez en el suelo e indefenso, recibió una patada brutal en la cabeza que le provocó un traumatismo de cráneo severo.
«Filmaban mientras se moría»
Rocío, la esposa de la víctima, relató el horror vivido. «Me lo mataron como si nada, como a un pedazo de carne», expresó entre lágrimas. Su denuncia apunta a la falta de humanidad de los presentes: «Yo pedía ayuda y nadie hizo nada. Todos filmaban mientras Lucas se moría, era lo único que hacían». Los videos virales, que ahora sirven como prueba, muestran la saña del ataque y el estado de indefensión de la víctima.

Autopsia y detenidos
Lucas fue trasladado de urgencia al Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA), donde falleció horas después debido a la pérdida de masa encefálica y las lesiones irreversibles. La autopsia confirmó que la causa de muerte fue el traumatismo craneal producto de los golpes. Por el crimen fue detenido un joven de 18 años, imputado por «homicidio agravado por alevosía», una carátula que podría llevarlo a prisión perpetua por atacar a una víctima indefensa. También fue aprehendida una mujer de 24 años, acusada de «resistencia a la autoridad» por intentar entorpecer el trabajo de los peritos en la escena del crimen.
La sombra de Fernando y la lección que no aprendimos
El crimen de Lucas nos devuelve a la peor pesadilla. Hace apenas unos años, el país entero se juramentó un «nunca más» tras el asesinato de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell. Creímos que la condena a los rugbiers iba a frenar la barbarie de las patadas en la cabeza y los ataques en manada. Pero Batán nos demostró que no aprendimos nada.
La mecánica de la muerte se repite con una frialdad espantosa: una discusión, una víctima en el piso y una patada final, traicionera y letal.

Pero en el caso de Lucas se suma un factor que hiela la sangre: la indiferencia del espectador. Si con Fernando nos dolió la violencia de los atacantes, con Lucas nos duele la pasividad de los que filmaban su muerte para tener un like en redes sociales.
La justicia actuará, pero la pregunta queda flotando en el aire, pesada y dolorosa: ¿El caso de Fernando no alcanzó? ¿Cuántas muertes más, cuántos videos virales de agonía necesitamos ver para detener esta locura? Lucas no es solo una víctima más; es la prueba de que, como sociedad, seguimos fallando.