La localidad celebró un nuevo cumpleaños con una gran fiesta popular, agradecimiento a las autoridades y una crítica fuerte a la organización por parte de una comerciante que no es local en este asunto.

Este sábado Ingeniero Juan Allan cumplió 132 años y lo celebró con una jornada repleta de shows musicales, sorteos, feriantes, autoridades municipales y vecinos que se acercaron a compartir el evento en comunidad. Sin embargo, más allá de la alegría general, la jornada también dejó sabor amargo debido a la deficiente organización de los sorteos, la falta de respeto hacia comerciantes solidarios y actitudes egoístas por parte de la organizadora.

La jornada comenzó con la presentación del grupo Código Santafesino, quienes abrieron el escenario principal ubicado sobre la calle 1282 del Barrio El Parque. A lo largo de la tarde se intercalaron espectáculos musicales con sorteos de los premios aportados por comerciantes locales.


Los shows estuvieron a cargo de Código Santafesino, Tropical del Sur, Los Texanos y como broche de oro Vari Cumbia

En medio del clima festivo, se destacó la presencia y colaboración del Secretario General de Gestión Pública Christian Rodríguez, el Subsecretario de Gobierno Matías Schneeberger y la Delegada Municipal Celia Zárate. A ellos se sumó el compromiso de varios Jefes de la Policía de Florencio Varela, que dispusieron personal para garantizar la seguridad del evento, y también del cuerpo de Bomberos Voluntarios y Defensa Civil, quienes colaboraron con tareas de prevención y resguardo. Gracias a este esfuerzo conjunto, toda la jornada se desarrolló en completa paz y con un ambiente familiar.


Sin embargo, el punto crítico fue la organización de los sorteos. Cada premio, incluso los menores, se entregaba tras un prolongado proceso que incluyó demoras de hasta 15 minutos por premio. El caso del viaje donado por Rapipago Yanina fue un claro ejemplo: entre cupón y cupón, la entrega se extendió de forma innecesaria. Este método arcaico e ineficiente provocó que más de 20 comerciantes no pudieran entregar sus donaciones, ni siquiera fueron mencionados. Fue una falta de respeto total a quienes aportaron generosamente para los vecinos.

Para colmo, la organizadora, dueña de la heladería junto a Rapipago Yanina, anunció de manera arbitraria e improvisada que esos premios se sortearían en el Día de la Niñez, sin aclarar cuándo ni cómo, dejando a los donantes y a los vecinos con muchas dudas.

También hubo gestos que dejaron mal sabor. Por ejemplo, se había anunciado la participación del grupo de baile Infinity Crew, pero por un capricho de la organizadora y su negativa a flexibilizar horarios, el grupo tuvo que cancelar su actuación. Además, durante la presentación de las autoridades y cuando se iba a sortear el premio mayor (una vivienda prefabricada donada por Maderera JC), la organizadora intentó oponerse al sorteo. Al parecer, su frustración se debió a que su donación de una torta y 30 alfajores iba a quedar opacada por el premio mayor, ya que lógicamente las grandes autoridades no podrían estar entregado un premio de tan poca calaña.

En cada oportunidad que tomó el micrófono, repitió que «el primer premio era la gente». Una frase vacía e insulsa que intentó justificar su oposición al sorteo principal, ignorando la importancia que tiene para los vecinos un premio como una casa.

«El primer premio es la gente que asistió…», «El primer premio es la policía y los bomberos que trabajan gratis», «El primer premio es el grupo musical que vino a tocar gratis…»

Un detalle que no pasó desapercibido fue el sectarismo con el que se manejó la organización del evento. La organizadora limitó la participación a comerciantes casi exclusivamente de la calle 1282, ignorando que Ingeniero Juan Allan está compuesto por cuatro barrios: El Parque, La Carolina, Lederle y La Carolina 2. Esta actitud dejó fuera del festejo a muchos comerciantes históricos y de gran relevancia para la comunidad, como el supermercado Edgardo, el supermercado de 5 esquinas, la farmacia Nobel,  Matercenter, Repuestos El Arco y tantísimos otros que no solo no fueron convocados, sino que fueron deliberadamente ninguneados por esta «secta» organizativa.


La vecina Carla Formisano resultó ser la ganadora de la casilla prefabricada, una noticia que llenó de emoción a todos. Carla es una vecina humilde, y el premio será destinado a una de sus hijas que lo necesitaba con urgencia. Este momento de alegría compensó muchas de las frustraciones del evento.

Fuera del escenario, las calles se llenaron de vida con la presencia de emprendedores, artesanos y comerciantes que decoraron y ofrecieron productos al paso, dando un colorido pocas veces visto en el barrio.


El aniversario 132 de Ingeniero Allan dejó una postal de alegría, compromiso vecinal y participación comunitaria. Pero también expuso la necesidad urgente de contar con una organización más profesional, respetuosa y a la altura de la historia que se celebra. El intendente Andrés Watson, conocido por su seguimiento de obras y gestión, debería intervenir para garantizar que eventos tan importantes no queden manchados por caprichos personales ni gestos mezquinos.